Te voy a hacer un test de esos que salen en las revistas de peluquerías.
De esos que se llaman algo así como…
“Descubre el tipo de personalidad que tienes y si eres compatible con la persona que tanto te atrae”
Empecemos. Primera pregunta.
Vas por la calle y ves un bolsito con dinero en su interior, ¿que haces?
A) Eres súper buena gente y lo llevas a la policía
B) Te quedas el dinero y devuelves la documentación a la policía
C) Te quedas el dinero y tiras el bolso a la papelera
Segunda pregunta.
Igual que la anterior, pero sabes con certeza que la policía no puede pillarte.
¿A, B o C?
Tercera pregunta.
Repetimos dilema, pero sabes con certeza que NADIE podrá saber jamás que has hecho algo así.
¿A, B o C?
Última pregunta.
Igual que las anteriores, pero en el bolso no hay 4 billetes de mierda, no… ¡Hay lo que cobras en un par de meses!
No hace falta que contestes, pero te situarás dentro de 3 posibilidades:
Aquellos moralmente incorruptibles, que sea cual sea la situación, pensarían en el bien como valor férreo en sus vidas, devolviendo el bolso.
En el otro extremo, tendríamos a aquellos que sea cual sea la situación, se quedarían con el dinero.
Y, por último, diría que la gran mayoría, estarían aquellos que, dependiendo del contexto, harían una cosa u otra. Y aquí acabo de presentar una palabra clave, CONTEXTO.
De lo que dice la gente que hace, a lo que realmente pasa en su cuerpo, hay una gran diferencia. Y casi siempre depende del contexto.
“Estoy bien, ya me han dado el alta”
Bueno… eso también depende del contexto.
De lo que haces en tu día a día, de cómo se mueve tu cuerpo, de las exigencias a las que lo sometes… y de cómo está funcionando tu sistema.
Porque una cosa es lo que sale en un informe, y otra muy distinta es lo que tu cuerpo es capaz de hacer cuando le pides de verdad.
Y aquí es donde aparece el problema.
La mayoría de personas no fallan por falta de ejercicios, ni por falta de voluntad. Fallan porque están intentando solucionar algo sin entender qué lo está provocando realmente.
Por eso hay gente que hace “todo lo correcto”… y sigue igual.
Si quieres entender por qué pasa esto y en qué deberías fijarte cuando el cuerpo no responde, he preparado una guía usando la rodilla como ejemplo.
Está enfocada en ese momento en el que ya te han dado el alta… pero sabes que no estás bien.
Aunque hable de rodilla, lo que explica sirve para cualquier problema físico donde el cuerpo no termina de responder.
Puedes descargarla dejando tu correo aquí.
